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Mi viejito Pascuero
De niño crecí con la hermosa historia de un Señor que se preocupaba por entregar regalos a todos los niños del mundo. Siempre me asombro el como hacia esto... si yo que era muy rápido sólo podia correr un par de cuadras sin cansarme. ¡Claro!, yo no tenía renos mágicos!
En fin, a pesar de las circunstancias y la dificil situación por la que en algún momento como familia pasamos, siempre estubo el viejito cada 25 de diciembre ahí.
Nunca se lo he agradecido, nunca le he dicho siquiera lo feliz que me hizo sentir al ver bajo mi arbolito un regalito de su parte para mi y otro para mi hermanito; casí nunca lo que yo deseaba, pero como él era muy sabio, siempre me trajo lo que necesitaba.
Así pasó mi vida con esta gran ilusión, procuré siempre portarme bien y obtener buenas notas en el Colegio para que él estubiera orgulloso de mi.
Lo triste es no darme cuenta en que momento le olvidé... cuando dejó de ser importante para mi.
Si siempre ha estado día a día a mi lado. Ha caminado mis caminos, me ha levatado en mis caídas, llora con mis fracasos y le enorgullecen mis triunfos... mis alegrias son su fortaleza y mis tristezas... mis tristezas una herida en su corazón.
No quisiera haberte dejado nunca de lado viejito lindo... que nunca el trabajo, los amigos y todo pasará a ser más importante para mi de lo que de niño fuiste.
Sólo quiero que sepas que siempre te he querido, gracias por haber sido siempre el viejo bueno que fuiste y sigues siendo...
Por todo lo que me diste y lo que me das... ¡gracias mamá!
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EL AMOR DE DIOS
SU AMOR EN NOSOTROS Y DESDE NOSOTROS
© Carlos Padilla, Octubre 2004
La mayor historia de amor que jamás se ha escrito y la mas apasionante, es la que encontramos en la Biblia; la historia de amor entre Dios y su esposa, nuestra alma.
Pero el hombre que no ha nacido de nuevo, de lo alto, es decir del Espíritu, no comprende el amor de Dios. Por ello nuestro propósito ha de ser capacitarnos para que podamos amar con amor de Dios, haciendo uso de las herramientas que Dios nos da en Su Palabra, para que amemos con amor del Espíritu, tanto a los demás como a nuestro esposo espiritual, el Señor.
DIFERENCIA ENTRE EL AMOR DE DIOS Y EL AMOR DEL HOMBRE
La diferencia básica??? entre el amor de Dios y el del hombre es que Dios ama a los enemigos, la humanidad entera, y no espera la recompensa, es decir no necesita ser amado antes, sino que ama por naturaleza, porque el poder de Su amor es mayor que todo sentimiento que conocemos, y su benignidad nos guía al arrepentimiento. Dios sabe cual es el resultado del amor por los enemigos, lo ha visto en la Cruz, El sabe el resultado en nuestras almas para la eternidad y le ha merecido y le merece la pena la gran batalla por nosotros, por sus hijos. Un buen padre lucha por sus hijos en el mundo, ¿cómo no lucharía nuestro Padre por nosotros para la eternidad?
El amor de Dios es tan fuerte hacia nosotros que ha dado a Su Hijo Unigénito entregándole en la cruz para morir en nuestro lugar, por nuestro pecado o error debido a nuestra enemistad natural contra Dios, esto es que queremos que Dios sea como cada uno de nosotros lo concibe en lugar de hacer Su Palabra: ...Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1Juan 2:17. Esa voluntad es que recibamos al Hijo como nuestro Salvador, porque Él es el que bautiza con el Espíritu Santo. Esto para los que le hemos oído estando en este cuerpo, pero también se encontrarán con Él y Le oirán tras la resurrección los que tuvieron y tienen un corazón volcado hacia Dios pero no conocieron el Evangelio.
El amor del hombre sin embargo está enfocado básicamente en dos cosas, primero en sus instintos animales, incluida la maternidad, y segundo, el amor del hombre natural le guía a buscar el disfrute egoísta de lo que tiene a su alcance, sin mirar al prójimo. El hombre por lo tanto ama el dinero, el poder, el éxito ante los demás, busca ser reconocido, ser el líder, ganar en la competición a base de humillar y batir a su prójimo, y para ello mata y está matando diariamente, como vemos en las noticias de cada día. El amor del hombre solo piensa en él mismo, es enemigo de Dios, es del diablo, ni siquiera mira a su Creador.
El amor del hombre se diferencia poco del amor animal, que es por instinto de supervivencia meramente y como mucho de su propio clan, a veces ni eso, Caín y Abel. Si tuviéramos que hacer un resumen de la humanidad, presentarle a Dios, ver desde fuera el resultado del mundo del hombre, ¿Cómo explicaríamos las atrocidades cometidas, el hambre, las guerras, los gobiernos buscando solo el dinero y el poder? No podemos decir que el hombre tenga amor, sino afán por dominar, no tiene amor de Dios.
EL AMOR DE DIOS HACIA NOSOTROS Y DESDE NOSOTROS
Debemos entender estos dos enfoques de este amor:
Primero, el amor de Dios en Su obra eterna en nosotros, y el amor de Dios cada día en nuestras vidas.
Segundo, nuestro amor hacia nuestro prójimo en cuanto a la eternidad y nuestro amor a nuestro prójimo diariamente. ...amad a vuestros enemigos..., ...porque si solo amáis a los que os aman, que mérito tenéis...Lucas 6:32.
HACIA NOSOTROS:
Para el primer enfoque sobre el amor de Dios hacia nosotros veremos el siguiente:
TEXTO CLAVE: ...16Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. Juan 3.
Además de lo que ha hecho por nosotros, Dios nos ama de tal manera que si andamos con Él en nuestro caminar diario, en nuestras vidas, si le preguntamos a Él en oración, no dejará de avisarnos, de guiarnos y de darnos señales o sueños para que no erremos en todo lo que emprendamos. Esa compañía Suya es la que nos muestra cada día el amor que nos tiene, y esto lo experimenta cada uno en su intimidad.
Las cualidades del amor de Dios son infinitas, pero podríamos vislumbrar que el amor de Dios procede de la esencia eterna y espiritual de la naturaleza divina; esta le confiere unas cualidades que por naturaleza no sentimos, pero que podemos comenzar a experimentar por el acercamiento de Dios a nosotros.
Al mismo tiempo, el amor de Dios ve mas allá de los límites de nuestro corazón, ve el resultado de Su obra en la dimensión eterna y es paciente, no se queda en el enojo, ni en la ira o en la venganza. En definitiva tiene la mira puesta en lo espiritual.
Por ello Jesucristo nos libra, además de la muerte física en la resurrección, de la verdadera muerte, si creemos en Él, la muerte espiritual en la relación con Dios. ...18El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Juan 3.
Toda esa culpa de enemistad de la humanidad de todo tiempo, es la que por amor a nosotros Jesucristo ha bebido en aquella copa que el Padre le dio en el huerto de Getsemaní, y pedía al Padre siendo el Hijo: ...Padre mío, si no puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. Mateo 26:42, y un ángel vino a consolarle, Lucas 22:43. Ese ángel bien pudo ser el enviado que llevaba el amor de cada uno de nosotros hacia Él, de cada uno de los que le hemos recibido, para que viese un atisbo del resultado de la obra que iba a hacer para la eternidad dentro de nuestras almas.
DESDE NOSOTROS:
TEXTO CLAVE: ...En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 1Juan 3:16. Jesucristo es nuestro hermano.
En este texto se halla la respuesta a la pregunta que la humanidad ha buscado desde su existencia y que aún hoy busca: ¿Que es el amor? El amor es que Dios ha venido en la carne de Jesucristo, para dar su vida por nosotros, porque nos ama, para salvarnos y darnos vida eterna en Su Reino de bendición. Y yo le hago al lector otra pregunta: ¿Recibirá Ud. el amor de Dios, Le creerá? Reciba a Jesucristo hoy si aún no Le ha recibido.
Y además de amar a Dios en Jesucristo, ¿Cómo se manifiesta el amor de Dios hacia nuestro prójimo? Veamos la respuesta otra vez en 1Juan 3: ...también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 17Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? 18Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
Es decir, que nuestras vidas han de estar dispuestas para llevar la carga espiritual de nuestros hermanos, para sobrellevarlas y aliviarlas y compartirlas, y esto se hace por medio de oración, en petición a Dios en nuestro sacerdocio pero también físicamente en las necesidades de la vida de cada día, como en la parábola del buen samaritano, y en la amistad espiritual con afecto fraternal.
Dos formas de obrar por los hermanos: una es la ayuda material, las buenas obras, pero la mayor es semejante a lo que Dios hace por nosotros, poner nuestras vidas por los hermanos. En el texto Griego la palabra usada para vidas es "psiche", mente y alma; poner nuestras almas en los sentimientos y nuestras mentes en la oración por los hermanos nos lleva de nuevo al sacerdocio, donde una vida se ofrece en lugar de otra.
Dentro de nuestro sacerdocio de llevar la cruz y las cargas en el yugo junto a Cristo, al encontrar la palabra mente, nos damos cuenta de que implica la oración. Al orar por los demás, uno se niega a si mismo y dedica su mente a pedir por su prójimo, está poniendo su mente al servicio de Dios, de los hermanos y del prójimo, está poniendo su vida también.
Ahora bien, ¿cómo se pone la vida o alma por los hermanos?.Vea el estudio Sacerdocio para encontrar la respuesta. NOTA: La traducción de vida en lugar de alma es mas completa espiritualmente, ya que implica todo nuestro ser, y eso es lo que Jesucristo hizo, poner su vida en cuanto a la sangre, su vida en cuanto al alma o mente; oró por nosotros, se angustió, sufrió en su corazón, en sus sentimientos, llevó la pena nuestra, poniendo Su vida espiritual porque siendo el Espíritu Santo en la tierra, no escatimó morir y entregarse al Padre: ...en tus manos encomiendo mi espíritu... Lucas 23:46 y sabemos que Espíritu tenía. Por último su vida física, la del cuerpo.
LO QUE PRODUCE EL AMOR DE DIOS EN EL HOMBRE
Una vez que hemos recibido a Dios, y conocemos bien a Jesucristo, nuestro corazón se vuelca hacia nuestro prójimo y hacia nuestros hermanos.
Y el principal mandamiento "ama a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo", que nos recuerda Jesucristo, es lo mismo que la conclusión sobre cuál es el fin de la Ley de Dios, por ello concuerda el mensaje y vemos a continuación cual es la ley de Cristo: ...sobrellevad los unos las cargas de los otros y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:2.
Por lo tanto resumimos que tenemos dos maneras de amar al prójimo como Dios ama: una orar por nuestros hermanos y por los enemigos del Evangelio, y otra las buenas obras, pero ...Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos... Juan 15:13.
Hacia nuestro prójimo en cuanto a que por amor de Dios hacia ellos les anunciaremos la buena noticia del Evangelio, sabiendo que el mundo nos aborrece, como aborreció a Cristo crucificándole. Por ello vemos que la evangelización es por amor a nuestro prójimo, además de la ayuda física que podamos aportar a los que necesitan y todo esto en el nombre de Jesucristo.
Hacia nuestros hermanos porque vemos en ellos que no hay temor porque hay amor, "...en el amor no hay temor..." 1Juan 4:18. Recibimos amor de Dios de personas que a veces ni conocemos, pero que al ser hermanos, hijos del mismo Padre espiritual, el amor entre los hermanos es alimentado por el Espíritu Santo.
A veces hay que esforzarse, ya que por la carnalidad de cada uno hay personas que al ser de diferente etnia, edad, sexo o clase social pueden tener mayor o menor dificultad para amar a sus hermanos, pero esto es solo cuestión de crecimiento espiritual. ...Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte...1Juan 3:14 ...si os amarais los unos a los otros, todos conocerán que sois mis discípulos... Juan 13:35.
La última parte de este estudio está dedicada a nuestro amado Señor.
COMO MOSTRAR A DIOS, NUESTRO AMOR DE DIOS,
HACIA ÉL Lo primero que hemos de mostrarle al Señor es que aceptando el Evangelio, recibiendo a su Hijo Jesucristo, aceptando su obra en la cruz para perdón de nuestros pecados y para resurrección, lleguemos a recibir un cambio de mente "arrepentimiento", naciendo de nuevo y pidiéndole el Espíritu Santo con el cual nos bautiza Jesucristo.
Lo segundo es estudiar la Biblia, con el fin de conocerle bien a Él, y para conocer al ser humano y poder amarle con sus errores de manera que nos conozcamos a nosotros mismos. Que nos capacite para predicar el Evangelio, convirtiéndonos en discípulos, no en meros creyentes, cumpliendo sus mandamientos.
...Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Juan 15:9.
Finalmente poniendo nuestras vidas por Jesucristo al llevar Su yugo sobre nosotros y compartir la carga diaria de nacimiento y mantenimiento de los hijos de Dios en el mundo, hasta Su venida. Nuestro sacerdocio y nuestro calor y amor como hizo Abisag, la sunamita sirviendo a su señor el rey David en su ancianidad.
Pero hay dos cosas mas con las que mostrarle a Dios nuestro amor de Dios:
La primera es que el Señor, estando aún en la tierra pidió a sus discípulos que en su memoria partieran el pan y tomaran el vino; la Santa Cena. En ella se anuncian a los cielos, a la dimensión celestial donde está el Señor, los ángeles y potestades, que Jesucristo ha sido aceptado por nosotros, que damos gracias a Dios por tener ese pan que es Cristo y que al comerlo, comemos Su esencia y nos reconocemos parte de Su cuerpo, y ese vino que representa Su sangre, la cual nos ha limpiado de nuestra esencia enemiga de Dios, del pecado o error, nuestra vestidura delante del trono de la Gloria, por la cual tenemos entrada en el reino eterno de Jesucristo.
Tomen la Santa Cena, queridos hermanos, mejor con hermanos de intimidad, a los que conocen bien, no en grandes congregaciones. Jesucristo lo hizo con los 11 discípulos. Háganlo a menudo, y si no tienen a ningún hermano para hacerlo, tómenla solos en alguna ocasión de necesidad, no pierdan el vínculo con Jesucristo, muéstrenle su amor al Señor.
Y la segunda es la alabanza, porque en ella derramamos nuestro corazón delante de Dios, y le demostramos nuestra alegría y nuestro amor por haberle conocido y compartir con Él nuestras vidas, y ser librados por Él del mal, siendo nuestro Salvador y protector. Para terminar con la alabanza lea los Salmos 33 y 34 en su Biblia. ...Cantadle cántico nuevo... Salmo 33:3. Apocalipsis 14:3 y 14:7, Apocalipsis 15:3 y 4.
TEXTOS BÍBLICOS DESTACADOS
SALMO 91
14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
PROVERBIO 10
12El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas.
JEREMÍAS 31
3Yahweh se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.
MATEO 24
12...y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.
JUAN 15
12Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 16No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17Esto os mando: Que os améis unos a otros.
JUAN 17
26Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
ROMANOS 8
35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. 37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
1CORINTIOS 13
1Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 4El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará... ...13Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.
EFESIOS 2
4Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9no por obras, para que nadie se gloríe. 10Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
EFESIOS 3
19y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
EFESIOS 4
2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5un Señor, una fe, un bautismo, 6un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos... ...15sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.
COLOSENSES 3
14Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
1PEDRO 4
8Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.
1JUAN 4
7Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. 12Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. 13En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. 14Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. 15Todo aquel que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. 16Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. 17En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. 18En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 19Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. 20Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. Amén.fuente: jesucristo.net
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Caritas in veritate
El marco de la encíclica
Marco teológico, Teología de la Comunión
Como reseñaba Michael Novak en un reciente debate, el sustento filosófico de esta enclíclica está en la Teología de la Comunión que impulsó el hoy Papa junto a otros teólogos católicos tras el Concilio Vaticano II.
La base de esta Teología reside el concepto de Trinidad. Dios mismo, siendo tres personas, no es solamente un logos, una verdad estática, sino una interacción, una comunión entre razón, principios y práctica que es el modelo de lo que debería ser la vida de cada católico y de la Iglesia como un todo.
Puesto que está llena de verdad, la caridad puede ser comprendida por el hombre en toda su riqueza de valores, compartida y comunicada. En efecto, la verdad es «lógos» que crea «diá-logos» y, por tanto, comunicación y comunión. La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite llegar más allá de las determinaciones culturales e históricas y apreciar el valor y la sustancia de las cosas
Poniendo el énfasis en esta comunión, el Papa señala la necesidad de proyecto y criterio para emprender cualquier transformación social, en lo que es una seria crítica al discurso social de la compasión y el oenegismo recuerda a los católicos que:
Un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales. De este modo, en el mundo no habría un verdadero y propio lugar para Dios.
Pero lo que busca el Papa no es tampoco una serie de experiencias prácticas si esas prácticas no sirven a la construcción de un proyecto universalista. El Papa nos recuerda su crítica monoteista a la postmodernidad:
Sin la verdad, la caridad es relegada a un ámbito de relaciones reducido y privado. Queda excluida de los proyectos y procesos para construir un desarrollo humano de alcance universal, en el diálogo entre saberes y operatividad.
Un objetivo para la organización económica: crear abundancia desde la comunidad
Caridad en este texto no tiene el sentido habitual de limosna, sino su sentido original de amor práctico, de empatía. Expanden la gracia, todas esas cosas que nos envuelven y hacen posible la vida y el goce sin mermar a los demás ni suponer sacrificio. La gracia se manifiesta pues como lógica de la abundancia, sus concreciones serían aquellas que como el software libre amplían ese espectro de herramientas a disposición de cada cual y al servicio de todos
La caridad es amor recibido y ofrecido. Es «gracia» (cháris). (…) Los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad.
El testimonio de verdad que ordena el proyecto transformador tiene que partir, según la Encíclica, de la extensión de esta gracia, de esta abundancia, de un modo tan material como concreto y al mismo tiempo universal:
La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión
Es esta concreción en el cada uno lo que permite dotar de un sentido universal a lo político sin caer en la trampa de los imaginarios -raza, nación, clase, etc.- y sus chovinismos. La clave: una concepción de la comunidad como comunidad real
Junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese «todos nosotros», formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. No es un bien que se busca por sí mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social, y que sólo en ella pueden conseguir su bien realmente y de modo más eficaz.
En el límite, es esa supeditación de lo económico a la comunidad real lo que permite construir una Ciudad del Hombre cada vez más cercana a la Ciudad de Dios, es esa acción sobre lo concreto lo que acerca a un espacio huumano sin fronteras, barreras, ni escasez artificial
La acción del hombre sobre la tierra, cuando está inspirada y sustentada por la caridad, contribuye a la edificación de esa ciudad de Dios universal hacia la cual avanza la historia de la familia humana. En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones, dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.
Los riesgos de la situación actual
En este marco el riesgo global principal es, según la encíclica, que mientras las relaciones sociales se globalizan, no emerja paralelamente una conciencia global capaz de dar sentido al nuevo mundo interdependiente
El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano.
Porque no el mero desarrollo técnico o los cambios económicos por si mismos no generarán abundancia si no existe un proyecto humano, ético, que informe la transformación de ese gran metabolismo común en el que se ha convertido la economía global.
El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el auténtico desarrollo, no se asegura sólo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf. Rm 12,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad.
Y la verdad es que leyendo esto, uno no puede dejar de pensar en cómo los mismos desarrollos que son potencialmente liberadores, se convierten desde el poder en extracción, empobrecimiento y generación artificial de escasez.
El mapa ideológico de referencias y antagonismos
Tras reafirmar la unidad doctrinal del conjunto de la doctrina social de la Iglesia, el Papa vuelve a Pablo VI para retomar el último punto de la Introducción y plantear como simétricos decrecionismo y el peremne jaleo de cualquier novedad tecnológica que evita juzgar sus consecuencias sociales. Dos extremos que comparten sin pudor los media cotidianamente
Pablo VI ya puso en guardia sobre la ideología tecnocrática, hoy particularmente arraigada, consciente del gran riesgo de confiar todo el proceso del desarrollo sólo a la técnica, porque de este modo quedaría sin orientación. En sí misma considerada, la técnica es ambivalente. Si de un lado hay actualmente quien es propenso a confiar completamente a ella el proceso de desarrollo, de otro, se advierte el surgir de ideologías que niegan in toto la utilidad misma del desarrollo, considerándolo radicalmente antihumano y que sólo comporta degradación. Así, se acaba a veces por condenar, no sólo el modo erróneo e injusto en que los hombres orientan el progreso, sino también los descubrimientos científicos mismos que, por el contrario, son una oportunidad de crecimiento para todos si se usan bien. La idea de un mundo sin desarrollo expresa desconfianza en el hombre y en Dios.
Sigue también a Pablo VI cuando define el desarrollo como vocación y por tanto enmarcándolo de forma que las ideologías totalitarias que se legitiman sobre él quedan fuera de la aceptabilidad para los cristianos, puesto que vocación implica en primer lugar libertad
Sólo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; sólo en un régimen de libertad responsable se puede crecer de manera adecuada.
Y no sólo libertad, sino verdad, conocimiento, algo que como es constante ya recordar en los mensajes de Benito XVI sólo puede desarrollarse en comunidad y por tanto como un proyecto integral, que renuncia a fabricar especialistas como panacea:
La vocación cristiana al desarrollo ayuda a buscar la promoción de todos los hombres y de todo el hombre. Pablo VI escribe: «Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera»
Y es precisamente del diálogo entre libertad y verdad de donde surge, según el Papa, la necesidad de la caridad, una forma de vivir y pensar que sólo puede existir desde la fraternidad comunitaria:
El subdesarrollo tiene una causa más importante aún que la falta de pensamiento: es «la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos». Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad.
El desarrollo pŕactico de la encíclica
Aunque esta parte ha sido en la que se han centrado los medios y el debate público en las pasadas semanas, creo que más allá de las propuestas concretas, lo interesante es remarcar como el Papa plantea la necesidad de repensar el sistema económico, no necesariamente cuestionando el beneficio o la idea de beneficio, sino, en realidad, su uso para justificar la generación artificial de escasez:
La ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.
Entre los ejemplos, destacaré uno que entenderán especialmente mis lectores:
Hay formas excesivas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos, a través de un empleo demasiado rígido del derecho a la propiedad intelectual, especialmente en el campo sanitario.
No me recataré tampoco en destacar cómo se acerca a las finanzas desde una mirada no muy alejada de las propuestas emergentes en la red en estos meses y que viene a preguntarse para qué queremos bancos que no sean confiables, transparentes y soialmente útiles:
Los agentes financieros han de redescubrir el fundamento ético de su actividad para no abusar de aquellos instrumentos sofisticados con los que se podría traicionar a los ahorradores. Recta intención, transparencia y búsqueda de los buenos resultados son compatibles y nunca se deben separar. Si el amor es inteligente, sabe encontrar también los modos de actuar según una conveniencia previsible y justa, como muestran de manera significativa muchas experiencias en el campo del crédito cooperativo
Tanto una regulación del sector capaz de salvaguardar a los sujetos más débiles e impedir escandalosas especulaciones, como la experimentación de nuevas formas de finanzas destinadas a favorecer proyectos de desarrollo, son experiencias positivas que se han de profundizar y alentar, reclamando la propia responsabilidad del ahorrador. También la experiencia de la microfinanciación, que hunde sus raíces en la reflexión y en la actuación de los humanistas civiles —pienso sobre todo en el origen de los Montes de Piedad—, ha de ser reforzada y actualizada, sobre todo en estos momentos en que los problemas financieros pueden resultar dramáticos para los sectores más vulnerables de la población
Actuar y construir
Uno de los mensajes centrales de esta encíclica es que la tecnología genera un terreno social nuevo, pero no le da un sentido. El sentido sólo puede ser fruto del conocimiento y la acción:
El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica, cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo, en vez de considerar los porqués que lo impulsan a actuar. Por eso, la técnica tiene un rostro ambiguo
La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser
Esto se aplicaría incluso para la blogsfera, Internet y el desarrollo de la comunicación social:
El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos.
El Papa acaba pues llamando a los católicos a la acción. Acción de dar sentido, de generar significado y de crear comunidad, cosa que remarca la cita paulina de cierre y el hecho de que esperase para firmarlo al 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo:
Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo.
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Seguir a Jesús significa hoy ir contra la corriente
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 23 de agosto de 2009 (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que seguir a Jesucristo significa hoy en día ir contra la corriente de muchas de las modas de pensamiento.
"Seguirle llena el corazón de alegría y san sentido pleno a nuestra existencia, pero comporta dificultades y renuncias, pues con mucha frecuencia hay que ir contra la corriente", afirmó este domingo.
Sus palabras resonaron a mediodía en el patio de la residencia de Castel Gandolfo con motivo del Ángelus en el semanal encuentro con los peregrinos.
En su acostumbrada alocución reflexionó sobre el pasaje del Evangelio de la liturgia de ese día en el que Jesús, al presentarse como "el pan vivo, bajado del cielo", escandaliza no sólo a los curiosos que le escuchaban, sino incluso a sus mismos discípulos.
"Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?", afirman algunos de los que hasta entonces le seguían, antes de abandonarle.
"Esta pregunta provocadora no se dirige sólo a los que entonces escuchaban sino que alcanza a los creyentes y a los hombres de todas las épocas", aseguró el pontífice.
"También hoy muchos se 'escandalizan' ante la paradoja de la fe cristiana. La enseñanza de Jesús parece 'dura', demasiado difícil de acoger y de practicar", añadió.
Entonces, aseguró, "hay quien rechaza y abandona a Cristo; hay quien trata de 'adaptar' su palabra a las modas desvirtuando su sentido y valor".
Según el obispo de Roma, "esta inquietante provocación resuena en el corazón y espera de cada uno una respuesta personal".
Jesús, dijo, "no se contenta con una pertenencia superficial y formal, no le basta una primera adhesión entusiasta; es necesario, por el contrario, participar durante toda la vida en 'su pensar y querer'".
"¿También vosotros queréis marcharos?". A la preguntad de Jesús, Pedro responde en nombre de los apóstoles: "Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (versículos 68-69).
El Papa propuso a los creyentes responder a Jesús como lo hizo el apóstol Pedro: "Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna".
E invitó a pronunciar esta respuesta "conscientes ciertamente de nuestra fragilidad humana, pero confiando en la potencia del Espíritu Santo, que se expresa y se manifiesta en la comunión con Jesús".
"La fe es don de Dios al hombre y es, al mismo tiempo, entrega libre y total del hombre a Dios; la fe es dócil escucha de la Palabra del Señor, que es 'lámpara' para nuestros pasos y 'luz' en nuestro camino".
"Si abrimos con confianza el corazón a Cristo, si nos dejamos conquistar por Él", afirmó, es posible experimentar una de las meditaciones del santo cura de Ars, el sacerdote francés fallecido hace 150 años, en honor de quien se celebra el Año Sacerdotal: "nuestra única felicidad en esta tierra consiste en amar a Dios y saber que Él nos ama".
fuente: Zenit
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¿Por qué agosto es el mes de la solidaridad?
El 18 de Agosto de 1952 murió San Alberto Hurtado. Este hombre, luchador incansable de la justicia social y de la dignidad de las personas en condición de pobreza, nos dejó con su partida un ejemplo de vida.En su honor, agosto se ha instaurado como el MES DE LA SOLIDARIDAD. En este tiempo, los chilenos celebramos nuestras constantes acciones solidarias e invitamos y motivamos a quienes aún no han encontrado una manera para servir a sus hermanos.Es durante este octavo mes del año cuando diferentes instituciones nos organizamos para promover actitudes que nos permitan avanzar hacia una cultura solidaria.El Congreso Nacional en 1994, instauró el 18 de agosto como el día nacional de la solidaridad en conmemoración de la muerte del Padre Hurtado, cada año en este día se espera la Hora Santa, donde las personas se reúnen en la tumba del Santo Chileno a orar en los momentos cercanos a su muerte.La actividad de convocatoria más masiva en honor a San Alberto Hurtado es la Caminata de la Solidaridad que este año se realizará el 22 de agosto desde Estación Mapocho a las 13.30 horas, donde jóvenes y sus familias son invitadas a peregrinar hasta el santuario del Padre Hurtado.De esta manera, la Solidaridad se nos presenta como una palabra que se demuestra a diario de cientos de formas. Solidaridad no es sólo sacar del bolsillo unos cuantos pesos; solidaridad es tener un gesto amable con el otro, es sonreír para quien sienta tristeza, es un abrazo para el solitario, es sentirse parte de un país que se construye sobre valores que nos permiten ser a todos más dignos y felices.fuente: Iglesia.cl
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Día del Diácono
El 10 de agosto, se celebra el día de San Lorenzo, Patrono de los Diáconos Permanentes.Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marco con un sello (carácter) que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo "diácono", es decir, el servidor de todos.Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad.Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado "como un grado particular dentro de la jerarquía", mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre. Este diaconado permanente, que puede ser conferido a hombres casados, constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia. En efecto, es apropiado y útil que hombres que realizan en la Iglesia un ministerio verdaderamente diaconal, ya en la vida litúrgica y pastoral, ya en las obras sociales y caritativas, "sean fortalezcan por la imposición de las manos transmitida ya desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado".
Historia de San Lorenzo
San Lorenzo nació según unas fuentes en Huesca, pero según otras citan la ciudad de Valencia en el año 225 D.C. Si que se sabe seguro, que los padres de San Lorenzo, los también santos: San Orencio y Santa Paciencia, sí serían de Huesca, y habrían llegado a la ciudad de Valencia por motivo de diversas persecuciones.
En el año 258, Sixto fue nombrado Papa y este ordenó a Lorenzo como diácono. Su función era la de administrar los bienes y tesoros de la Iglesia y el cuidado de los pobres. Por esta labor, es considerado uno de los primeros archivistas y tesoreros de la Iglesia, y es el patrón de los bibliotecarios y estudiantes.
Entre los tesoros de la Iglesia confiados a Lorenzo se dice que se encontraba el Santo Grial, la copa usada por Jesús y los Apóstoles en la Última Cena, y que consiguió enviarlo a Huesca, junto a una carta y un inventario, donde fue escondido y olvidado durante siglos. En concreto, se supone que el Santo Grial estuvo en el monasterio de San Juan de La Peña hasta que, por orden de Sixto II fue llevado a Valencia; lugar en el que se encuentra en la actualidad.
Durante la persecución de los cristianos bajo la administración del Emperador Valeriano I en 258, El Papa Sixto II fue una de las primeras víctimas de esta persecución siendo crucificado el 6 de agosto.
Una leyenda citada por san Ambrosio de Milán dice que Lorenzo se encontró con Sixto II en su camino a la crucifixión, y que le preguntó: “¿A dónde vas, querido padre, sin tu hijo? ¿A dónde te apresuras, santo padre, sin tu diácono? Nunca antes montaste el altar de sacrificios sin tu sirviente, ¿y ahora deseas hacerlo sin mí?”. A lo que el Papa respondió: “En tres días tú me seguirás”.
La leyenda dice que cuando el Prefecto de Roma, exigió que Lorenzo entregase las riquezas de la Iglesia, Lorenzo reunió a los ciegos, los cojos, los viudos, los huérfanos y los leprosos y los presentó, diciendo: “Éste es el tesoro de la Iglesia.”
El prefecto entonces le dijo: «Osas burlarte de Roma y del Emperador, y padecerás. Pero no creas que morirás en un instante, lo harás lentamente y soportando el mayor dolor de tu vida».
Por tanto, San Lorenzo fue condenado a ser flagelado y morir asado sobre una parrilla, en donde padeció martirio. También cuenta la leyenda que cuando estaba ya sufriendo el martirio tuvo la fuerza de bromear diciendo: “Assum est, inqüit, versa et manduca” (asado estoy, denme vuelta y coman.)
Su santo se celebra el 10 de agosto, día en el cual según la tradición recibió martirio.
Lorenzo fue enterrado en la Via Tiburtina, en las catacumbas de Ciriaca, por Hipólito de Roma y el presbítero (sacerdote) Justino. Se dice que Constantino I el Grande mandó construir un pequeño oratorio en honor del mártir, que se convirtió en punto de parada en los itinerarios de peregrinación a las tumbas de los mártires romanos en el siglo VII.
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El sacerdocio, un don para servir
La carta de Benedicto XVI para el Año Sacerdotal se ofrece directamente a los sacerdotes; indirectamente, a toda la comunidad cristiana, para que apoye la renovación interior que la Iglesia y el mundo necesitan actualmente de los sacerdotes. El autor ha comenzado a explicarla y desarrollarla, como suele hacer con sus textos más importantes. Así lo hizo en las dos audiencias generales del 24 de junio y del 1 de julio. El sacerdocio se presenta como un «don» inmenso que pide humildad, caridad universal y servicio infatigable y generoso.
A la vez, es también una «herida», de una parte por los sufrimientos de muchos sacerdotes, de otra parte en cuanto que la Iglesia sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros, infidelidad que no debe dejar en la sombra «el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios». La carta expone la identidad del sacerdote y su misión; también su espiritualidad y la colaboración con los fieles laicos.
¿Cuál es la identidad del sacerdote? El sacerdote, por su ordenación, es instrumento y representante de Cristo, y, como tal, responsable y servidor del pueblo cristiano. «El sacerdote -resumía el Santo cura de Ars- no es sacerdote para sí mismo sino para vosotros». El 24 de junio el Papa explicó que no deben oponerse dos modos de comprender al sacerdote: de un lado sólo desde su función de «servicio», particularmente en el anuncio de la fe y la predicación de la Palabra; de otro lado, sólo desde su configuración sacramental con Cristo, subrayando en este caso el sacrificio de la Cruz y la Eucaristía. Y no deben oponerse porque «el anuncio comporta siempre también el sacrificio de sí, condición para que el anuncio sea auténtico y eficaz». Cabría también decir: ser sacerdote se opone tanto a una visión meramente «espiritualista» o «individualista» donde sólo importara su relación con Cristo, como a una visión meramente «funcionalista», que sólo se fijara en su papel respecto a la comunidad. Con palabras del Papa: «Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación…».
De ahí se deduce lo que suele llamarse la espiritualidad del sacerdote, es decir: su modo propio de buscar la santidad, de lo que también depende –en cuanto a sus frutos– su propia misión. Lo importante es la comparación con Cristo: así como en Jesús su Persona y su Misión van inseparablemente unidas –toda su obra salvífica es expresión de su relación filial y amorosa con Dios Padre¬–, el sacerdote debe aspirar a identificarse con el don que ha recibido, ejercer su ministerio en unión con Cristo. Aquí está por tanto el fundamento de la vida espiritual del sacerdote, como tarea que él mismo debe imponerse, para lo que podríamos llamar –no es terminología de la carta– su servicio «cristocéntrico». El sacerdocio es un don para servir como Cristo, por Él, con Él y en Él.
Por eso el sacerdote debe buscar ante todo su propia comunión con Cristo y la de los demás fieles, porque de ahí –señalaba Benedicto XVI el 1 de julio– «brotan todos los demás elementos de la vida de la Iglesia, en primer lugar la comunión entre todos los fieles, el empeño de anunciar y dar testimonio del Evangelio, el ardor de la caridad hacia todos, especialmente hacia los pobres y los pequeños». E insistía en la superación de falsas dicotomías entre anuncio misionero y culto, identidad ontológica y misión evangelizadora. En último término, la misión del sacerdote se dirige a que toda la humanidad se convierta en culto a Dios y en caridad hacia el prójimo. Y aludía a unas palabras de San Juan Crisóstomo que relacionan el sacramento del altar y el «sacramento del hermano» necesitado o del pobre, como dos aspectos del mismo misterio.
En suma, la identidad del sacerdote le viene por la gracia de su ordenación y se acrecienta con su esfuerzo por unirse cada día a Cristo. En la ordenación, queda «consagrado» para su misión de hacer presente a Cristo. «Precisamente siendo todo del Señor, es todo de los hombres, para los hombres». Para hacerse consciente de ese vínculo entre consagración y misión, su primera tarea cada día debe ser la oración, que es también el alma de la auténtica «pastoral vocacional», junto con la dirección espiritual y la confesión. Y así es, porque conceder la primacía a la gracia divina es el antídoto contra las incertidumbres, los cansancios y las visiones temporalistas del sacerdocio.
En la carta, el ejercicio del ministerio sacerdotal se explica según los tres «oficios» de Cristo: ministerio litúrgico o de los sacramentos, ministerio de la Palabra, y ministerio de servicio a la comunidad. En el centro del primero se sitúa la Eucaristía (la Misa). Ahí el sacerdote ofrece su propia vida como sacrificio en unión con la de Cristo, al mismo tiempo que asume las ofrendas –que representan la vida entera– de los fieles. En función de la Eucaristía está el sacramento de la Penitencia, donde el sacerdote representa a Cristo y a la Iglesia, como pastor que sabe atender personalmente a quien recurre a él: le anima y le consuela, le advierte o le fortalece, le hace participar del amor misericordioso de Dios, que perdona. Para desempeñar tan alto ministerio en los sacramentos, el sacerdote mismo debe configurar su vida en torno a la oración y al sacrificio (penitencia personal). En cuanto al ministerio de la Palabra (la predicación), este ministerio –subraya Benedicto XVI– pide del sacerdote el conocimiento de la Escritura, su meditación para hacerla vida propia. Finalmente, el servicio que presta a la comunidad cristiana, exige también determinadas virtudes, como la humildad, la caridad, la generosidad –ya señaladas–, la pobreza, la castidad y la obediencia al Obispo; todas ellas en el modo que conviene a la condición de presbítero.
Por lo que se refiere a la relación con los fieles laicos, se habla de «colaboración» con ellos en el «único pueblo sacerdotal» (la Iglesia). En efecto, el sacerdote no es ni el «jefe» de la comunidad de los fieles, ni simplemente un ayudante para las cosas del espíritu, ni un gestor social. Es una relación, la del sacerdote con los fieles, presidida por la caridad. El sacerdote ha de presentarse ante los fieles con un punto de «gravedad» afable. El pueblo cristiano consciente ha sabido siempre tratar al sacerdote con respeto y cariño, porque, sea quien sea, ve en él a Cristo. Sacerdotes y laicos trabajan en colaboración orgánica, forman una unidad fraterna y corresponsable. Estos mismos principios rigen la relación del sacerdote con los movimientos eclesiales, surgidos de los múltiples dones y carismas que pueden recibir tanto los fieles como los ministros ordenados. Además, como el sacerdocio no es una realidad individual sino que se ejerce en comunión, surge la conveniencia de «formas concretas de fraternidad sacerdotal efectiva y afectiva». Aquí cabe pensar, por ejemplo, en las asociaciones sacerdotales que refuerzan la unidad con el Obispo, la fraternidad y la formación permanente de los sacerdotes.
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